La folclorista universal “Violeta Parra Sandoval” nació en San Carlos, provincia de Ñuble, el día 4 de octubre de 1917, según consta su inscripción en la página 197, lugar 992 del 29 de octubre en el Registro Civil e Identificación de esta ciudad.

Fue bautizada con el nombre de Violeta del Carmen Parra Sandoval. Sus padres: Nicanor Parra, en ese entonces de profesión empleado, y Clarisa Sandoval, sin profesión, ambos domiciliados en calle El Roble Nº 531.

Años después, su padre Nicanor obtendría el título de Profesor Primario. Sus familiares de origen campesino, fueron inquilinos, capataces, viñateros, rondines, etc. De su primer matrimonio, doña Clarisa quedó con dos hijas, pues ella era viuda antes de casarse con Nicanor Parra, unión que permitiría el nacimiento de nuevos hijos.

Así entonces, Violeta tuvo como hermanos a:

  1. Marta (Sandoval)
  2. Olga ( Sandoval)
  3. Nicanor Parra ( el Tito )
  4. Hilda Parra ( la Latigona )
  5. Eduardo Parra ( el Chepe )
  6. Elba Parra ( la Yuca )
  7. Oscar René Parra ( el Nene )
  8. Roberto Parra ( don Rúa )
  9. Lautaro Parra ( el Talo ) 10. Caupolicán (el Polito)

En 1919, se trasladaron a Chillán Viejo y después a Santiago en búsqueda de mejor suerte. Vivieron en una modesta casa ubicada en la calle Vivaceta. Debido a la mala situación económica, se trasladaron nuevamente al sur.

Desde pequeña Violeta escuchó a su padre tocar y cantar con la guitarra, y a veces un dúo con una tía que tocaba el arpa y piano. Fueron los inicios que despertaron la musicalidad de ella y en sus hermanos, además del entorno campesino en que vivía a diario. El año 1925, Nicanor es nombrado profesor del regimiento Andino Nº 4 en la ciudad de Lautaro. Hasta allí se trasladó con su familia.

En 1927 la familia está de vuelta en Chillán. El padre había sido despedido de su trabajo. Don Nicanor empieza con su guitarra a cantar y a beber, despreocupándose totalmente de su mujer y sus hijos. Doña Clarisa hace lo imposible para mantener a su familia: cosiendo, lavando, vendiendo y comprando lo necesario. En una entrevista a Violeta Parra, aparecida en la llamada “Revista Musical” del año 1958, textualmente se lee. “Mi padre, aunque profesor primario, era el mejor folclorista de la región y lo invitaban mucho a todas las fiestas. Mi madre cantaba las hermosas canciones campesinas, mientras trabajaba frente a su máquina de coser, aunque mi padre no quería que sus hijos cantaran, -cuando salía de su casa escondía la guitarra bajo llave- , yo descubrí que era en el cajón de la máquina de mi madre donde la guardaba y se la robé. Tenía siete años. Me había fijado como él hacía las posturas, y aunque la guitarra era demasiado grande para mí, y tenía que apoyarla en el suelo, comencé a cantar despacito las canciones que escuchaba a los grandes. Un día mi madre me oyó y no podía creer que fuera yo.”

En 1929 fallecería don Nicanor. La infancia de Violeta y sus hermanos fue muy dura y triste a la vez. Debieron enfrentar precarias condiciones de vida, lo cual los obligó a trabajar desde muy temprana edad, despertándose en ellos sus inclinaciones artísticas: trabajan en los circos “Tolín”, de los hermanos Ventura González; “Argentino”, de don Juan Báez, marido de Marta Sandoval, y el “Circo de los Hermanos Millas”, bailando, disfrazándose, cantando, montando shows, etc., por las provincias de Ñuble y Maule, recorriendo pueblos y fundos como Santa Clara, Longaví, Retiro, Parral, San Javier, Villa Alegre, Chillancito, Chillán Viejo, Panimávida, Colbún, Linares y San Carlos mismo. Muchas veces, después de las funciones circences se iban a cantar en las chicherías, restaurantes, casas particulares, incluso en algunos cabarets, en fin, donde los encontrara la noche, donde alguien les diera de comer o simplemente alojamiento.

A todo esto también se sumaban sus cantos en las micros y en los trenes, en un estilo convencional, a tono con las corrientes de moda: temas españoles, corridos mexicanos, valses y boleros. El interés por el canto y el folclor, según su hermana Hilda, se despertó en Violeta como resultado de los viajes al campo de don Domingo Aguilera y su esposa Rosario, en el lugar llamado Malloa, al ladito del Huape (Chillán).

Allí los hermanos “Parra” y sus buenas primas “Aguilera” (Natividad, Ema, Celina, Rosario y Trinidad ) completaron todo el folclor: con la familia, con amigas, tías y las chiquillas Aguilera. En ese rincón de la patria se fueron encontrando en “trillas”, “vendimias” o en mil fiestas que hay en los campos, como por ejemplo, la llamada “Cruz de Mayo”. A todas ellas asistían y se quedaban cantando algunos días.

Sin embargo, la madre de Violeta se oponía a esta pasión por el canto, que desplazaba los estudios. La asistencia escolar de Violeta fue regular, tanto por razones económicas, como por el poco interés de la niña, quien rechazaba todo aquello que estuviese relacionado con lo institucional, jerárquico y autoritario. Estudió en el Liceo Nº 16 de Chillán. Por orden de Nicanor, su hermano mayor, en 1932 se traslada a Santiago para continuar sus estudios en la Escuela Normal. Vive en casa de su tío Ramón, en la calle Cummings.

Dos años después deja los estudios para trabajar con sus hermanos. Forma un conjunto musical con Hilda , Roberto y Eduardo. La guitarra, que tantas veces ya había tocado, la sedujo con un amor apasionado, estrechándola contra su pecho, para no abandonarla más. No hubo más estudios, ni academia, ni reprimendas, ni amenazas; sólo la guitarra. ¡Juntas!.

Cantan en boliches de barrios populares, como los llamados "La Popular" o "El Tordo Azul" en el sector de Matucana, interpretando boleros, rancheras y corridos mexicanos. Su madre y el resto de sus hermanos llegan a Santiago en 1935. Violeta contrae matrimonio con Luis Cereceda, obrero ferroviario, en el año 1938. De esta unión nacen Isabel y Angel, con los cuales más tarde realizará gran parte de su trabajo musical.

"Lo vi por primera vez en una gran maquinaria por la línea ferroviaria de Yungay a la Alameda, con una chaqueta nueva de cuero, por la ventana; talán talán, la campana retumba en mi corazón por el joven conductor que me hace mil musarañas".

En 1939, el matrimonio vive en Santiago. Nace su hija Isabel Cereceda Parra. En 1941 se trasladan a Valparaíso. Nace su hijo Angel. 

Ya en esos años Violeta acostumbraba a escribir muchos poemas. Al enterarse que en Quillota había un concurso literario, envía un poema titulado “ A la Reina”, con el cual obtuvo mención honrosa.

Se une a una compañía de teatro, que realiza giras por todo el país, cantando canciones españolas. Se hace llamar “ Violeta de Mayo ”. En Santiago, en el desaparecido teatro Baquedano, gana un concurso de canto español. Corría el año 1941.

Posteriormente se trasladan a Llay-Llay. Luego vuelven a Valparaíso, y desde allí retornan a Santiago. Apremiada por la vida y feliz de ser como era, sufriendo el matrimonio y enamorada del amor, decide la separación en 1948.

"A los diez años cumplíos por fin se corta la güincha tres vueltas daba la cincha al pobre esqueleto mío, y pa`salvar el sentío volví a tomar la guitarra; con fuerza Violeta Parra y al hombro con dos chiquillos se fue para Maitencillo a cortarse las amarras". 

Comienza a aparecer en público el dúo de las hermanas Parra: Hilda y Violeta. Cantan en los boliches de Matucana, Franklin, Rondizzoni y por la antigua Pérgola de las Flores, entre los cuales se destacaban: “ El Banco”, “El Rancho Grande”, “ La Nave”, “El Casanova”, “ El Ensayo” y en el famoso ”Patio Andaluz”, que era el más grande y lo más lindo que había en esos años. Realizan sus primeras grabaciones discográficas para la RCA Víctor.

El primer disco fue el vals “Mujer Ingrata”, más la cueca “El Caleuche” y, después, un vals escrito por Violeta llamado “Judas”, los cuales lamentablemente no son conocidos. En 1949 contrae matrimonio por segunda vez .

Se casa con Luis Arce, joven mueblista y tenor de ópera. Al año siguiente, en 1950, nace su hija Carmen Luisa. A partir de 1952, Violeta, impulsada por su hermano Nicanor, empieza a recorrer zonas rurales, grabando y recopilando la música folclórica chilena.

Esta investigación la hace descubrir la poesía y el canto popular de los más variados rincones de Chile. Elabora así una síntesis cultural chilena y hace emerger una tradición de inmensa riqueza hasta ese momento escondida. Ese mismo año nace su hija Rosita Clara. Entre los años 1953 y 1954 surge la verdadera Violeta Parra, cantando a “Lo Humano” y a “Lo Divino” en Radio Chilena, con su programa “Canta Violeta Parra”, contratada por Raúl Aicardi y presentada por el diskjockey Ricardo García. Basándose en una cuarteta popular, compone y graba “Casamiento de Negros” y el vals folclórico “Qué Pena Siente el Alma”, manifestándose así la verdadera Violeta Parra.

Simultáneamente canta en Radio Minería y Radio Corporación; en esta última, en el programa “Ésta es la Fiesta Chilena”. Fueron los años en que ya comenzaba a volar alto.

En ese entonces había conocido a don Isaías Angulo, tocador de guitarrón instrumento originario de Chile, compuesto por 25 cuerdas). Don Isaías le enseña a tocarlo, y luego le regala su primer guitarrón. Pablo Neruda le organiza recitales y la presenta en su casa de Santiago.

Nuestra Violeta sancarlina compone canciones, décimas y música instrumental. Es pintora, escultora, bordadora y ceramista. Obtiene el premio “Caupolicán”, otorgado a la mejor folclorista del año 1954, en el programa llamado “Noche de Reyes”. Viaja invitada al festival de la Juventud en Varsovia, Polonia. Recorre la Unión Soviética. Permanece dos años en Francia. Graba aquí, para “Le Chant du Monde”, sus primeros discos LP, con cantos folclóricos y originales.

Establece contactos con diversos artistas e intelectuales europeos. Realiza grabaciones para el “Museo del Hombre” en París. Viaja a Inglaterra y allí graba para la BBC de Londres. De regreso en París, canta en “L`Escale”, una boite nocturna del barrio latino. Durante su permanencia en Europa, aquí en Chile muere su hija Rosita Clara.

“Rosita se fue a los cielos igual que paloma blanca, en una linda potranca le apareció el ángel bueno, le dijo: Dios en su seno, niña, te va a recibir, las llaves te traigo aquí, entremos al paraíso que afuera llueve granizo pequeña flor de jazmín”. 

Regresa a Chile en 1956. Graba el LP titulado “ Violeta Parra y su Guitarra”. En Estados Unidos se graba el tema “ Casamiento de Negros”. Con sus hijos Carmen Luisa y Angel se traslada, en 1957, a Concepción, contratada por la Universidad. Funda allí el “ Museo de Arte Popular” y realiza investigaciones folclóricas en la zona. Actúa en programas radiales. Entre los años 1958 y 1959 viaja al norte de Chile, invitada por la Universidad, para realizar cursos de folclor.

Escribe sus notables “Décimas Autobiográficas”. Investiga y graba la fiesta pagano-religiosa de “La Tirana”. Participa en el segundo encuentro de escritores de Concepción. A fines de 1959 viaja a Chiloé.

Allá siente un relámpago destellante que rasga un velo que cubre sus ojos: ¡¡Folclor es todo el Pueblo!!. En todas sus manifestaciones ¿Por qué solamente cantar, si hay cerámica, pintura, escultura y tantas cosas más?.

Allí en Chiloé recopiló un excelente material más ancestral, ligado también a nuestras raíces indígenas, y que es concretamente lo que tiene más riqueza.

Antes que Violeta había ya mucha gente investigando, como “Catalambo Albarracín”,“Margot Loyola”, “Ester Soré” y “Las Hermanas Acuña”: Amanda y Elsa; estas últimas también eran sancarlinas y fueron conocidas en todo Chile, formando el dúo de “Las Caracolitos”. Pero, a diferencia de Violeta, estos otros investigadores entregaban sus trabajos a las Universidades.

En cambio, Violeta tomó lo que antes había sido objeto de investigaciones más o menos privadas y lo devolvió a la gente para que se difundiera a gran escala. En ese mismo año de 1959, escribe la música para las películas “Mimbre”, “La Trilla”, “Casamientos de Negros” y “La Tirana”.

La intelectualidad de nuestro medio tiene un nuevo tema de conversación: esa inquieta “Violeta Parra” está de moda; pero les incomoda. Violeta está enferma de sinceridad y tiene el mal hábito de decir las cosas por su nombre, logrando, con ello, que algunos círculos importantes le cierren sus puertas.

Pero, a pesar de todo, estas problemáticas no impiden que el corazón de Violeta acelere su diástole y su sístole.

En 1960, conoce al joven suizo Gilbert Favré, quien había llegado a Chile con una expedición que venía a investigar algo de la civilización atacameña. Recomendado que no dejara de conocer y escuchar a Violeta Parra, el destino lo puso frente a Angel Parra quien lo llevó hasta su casa.

Así comenzaba el conocimiento entre ellos, que posteriormente se transformaría en uno de los amores más apasionados que tuvo Violeta, quizás el último y más grande de su vida entera.

Tenía la idea que Gilbert sería su hombre hasta que ella muriera. No fue así. Las continuas peleas lo impidieron. Gilbert, tocador de flauta y quena, se fue definitivamente con un conjunto a Bolivia. Violeta viajó a Bolivia, actuó en su peña, y como al mes regresó, pero venía sola ( 1966).

"Run – run se fue pa´l norte no sé cuando vendrá vendrá para el cumpleaños de nuestra soledad”. 

Durante 1961 viaja a Buenos Aires. Allí expone sus pinturas, actúa en televisión y da recitales en teatros. En junio se reúne con sus hijos Isabel y Ángel y viaja a Europa, al Festival de la Juventud en Finlandia. Viajan por la Unión Soviética, Alemania, Italia y Francia. En Francia ( donde permanecerá por tres años) actúa en los centros nocturnos de “La Candelaria” y en “L `Escale”.

Con el nombre de “Los Parra de Chile” ofrecen recitales en la UNESCO, Teatro de las Naciones, radio y televisión en París. Desde París viaja constantemente a Ginebra, en Suiza, ofreciendo una serie de conciertos, programas en TV, exposiciones de su obra plástica, nuevas canciones, pinturas y arpilleras. En la primavera de 1963 graba en París para el sello Barclay.

“Los Parra de Chile” actúan en el escenario central de la Fiesta del Diario L´Humanité. En abril de 1964 presenta 61 obras, entre máscaras, tapices, pinturas y esculturas en alambre, en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsán, del Palacio del Louvre. Se publica en París el libro “ Poesía Popular de los Andes”. Regresa a Chile por un corto período.

Retorna nuevamente a Ginebra en 1965. Allí la TV Suiza hace la filmación de un documental que muestra a la folclorista con toda su obra: “ Violeta Parra, bordadora chilena”.

En junio regresa a Chile. Canta con sus hijos en la “ Peña de los Parra” en la calle Carmen 340 en Santiago.

Participa en la Feria Internacional de Santiago, instalándose con una Peña Folclórica. Incorpora en su música el “charango” del norte y del altiplano, y el “cuatro” venezolano. Graba música instrumental con Gilbert Favré.

Durante 1966 viaja por última vez a Bolivia. Allí canta con Gilbert Favré y graba sus “Décimas Autobiográficas” Vuelve a Chile con grupos del Altiplano. Participa en conciertos por el sur de Chile, invitada por René Largo Farías, con su programa “Chile Ríe y Canta”. Graba, para la RCA Víctor, el disco “Las Últimas Composiciones”, con Isabel y Ángel , más el uruguayo Alberto Zapicán.

Es el año en que se produce el alejamiento definitivo entre Violeta y Gilbert Favré. Como resultado de esta separación, inicia, paulatinamente, un camino de soledad y tristeza, no sin antes haber compuesto sus obras de mayor trascendencia : sus “Décimas”, autobiografía popular en verso; “Volver a los Diecisiete” y, el más universal de todos “¡Gracias a la Vida!”.

Trata de superar una íntima angustia y desesperación. Pero está cansada y está sola. Durante 1966 ya había intentado suicidarse, cortándose las venas. No lo logra. El fin trágico sobreviene por un disparo el domingo 5 de febrero de 1967.

Pablo Neruda, al enterarse de esta terrible tragedia, expresó : “ De cantar a lo humano y a lo divino, voluntariosa hiciste tu silencio, sin otra enfermedad que la tristeza ”.

La guitarra quedó silenciosa junto a sus tapices, esculturas, óleos, arpilleras, poemas, canciones, bordados, y su voz inconfundible; todo esto, inspirada en la más cruda y esencial realidad popular que le tocó vivir y conocer.

La presencia de Violeta Parra sigue viva en cada chileno que ama a su Patria de verdad. Pero cada 4 de octubre, o un 5 de febrero, recordando a “Violeta Parra”, una sancarlina universal, habrá ocasión para que aquellos que no quisieron oírla por su canto renovado, puedan meditar en la fuerza de su talento y en la significación de su arte.

La Casa donde nació Violeta Parra Sandoval se encuentra ubicada en la calle Roble en los números 535-531 y está considerada como Monumento Histórico Nacional, según consta en el Sitio Web del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile www.monumentos.cl.

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